Great Race Balloon!

A las cinco de la mañana, aunque sea el mes de septiembre, está oscuro y hace frío. Pero merece la pena.

Quizás sea uno de los acontecimientos al mismo tiempo más hermosos e impresionantes organizados en Reno e incluso en todo el estado de Nevada: la gran carrera de globos. Todo comienza muy temprano, a las cinco y media de la mañana un par de globos, entre las sombras de la noche, hinchen sus telas con fogonazos de helio. Ya se ha reunido un número nutrido de curiosos, los altavoces marcan un compás de fondo. ¿Por qué tan temprano? ¿Por qué sólo tres globos? El espectáculo va a comenzar, no son las seis y tres globos de colores hermosos como bombillas ascienden con suavidad y, con el horizonte despuntando en un suave amanecer, estos tres elementos de aire juegan con el fuego y la música para mostrar ante los ojos atónitos como de críos la belleza de una danza ritual del fuego que abre la mañana. poco a poco se pierden en esa claridad de la mañana y es entonces cuando un centenar de globos comienzan a hincharse en la siguiente hora, ya de día, alzándose con lentitud y buscando un lugar en el cielo. Muchos y variados colores, formas increíbles. El globo-juez es un águila ante la cual suena, al elevarse, en primer lugar, el himno de los Estados Unidos. También ascienden dos abejas aerostáticas, y después, un conejo, una auténtica diligencia del Oeste, una palmera con tucanes, una casa con jardín, y decenas de globos clásicos con decorados variadísmos. Parece que la tierra, el desierto, se vuelve un poco más ligero, con ese cielo moteado y pleno de helio de formas y colores. Parece que ese cielo limpio y azul, que siempre permanece encima, como si no fera más que un fondo necesario del paisaje, se liberase por momentos, y formase parte de nuestro mundo, de nuestra geografía como una nueva redescubierta región habitable. Al final, es difícil saber quién gana la carrera, pero no importa. Los globos permanecen. Nos enlazan con lo que hasta ahora nos parecía límpido e impenetravle decorado azul. Y la imagen de los globos suspendidos entre el cielo y el suelo, como habitando un resquicio de la eternidad, forja una estampa de fuego que la memoria retiene, como flotando, sin temor a perderla: es como recuperar un continente perdido. suave, etéreo, fácil, leve, hermoso como pocos.

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