Noche de brujas en familia

calabazas halloween

Lo que nunca hubiese sospechado en los Estados Unidos es que la fiesta de Halloween fuese algo casi casi tan familiar que la fiesta pública se redujese a algunas personas con disfraces por la calle o en coche en busca de la casa de un amigo, o a la salida del trabajo, que de todo hay. Pero muy poco más. y es que las brujas es sabido que no salen nunca de día, y menos si es de labor. Si bien en una ciudad pequeña como Davis es el fin de semana anterior en el que los adolescentes y universitarios se disfrazan para asistir a numerosas fiestas temáticas, el día en cuestión el centro permanece apenas salpicado de algunos niños de lindos disfraces -ni bruja se ve- acompañados de sus padres para tomar un helado o algo así. No, la fiesta es muy popular pero no en las calles principales. En un lugar como Davis la fiesta pasa un tanto inadvertida porque se reduce a la familia, por supuesto, y al barrio donde se vive, cuando comienza la auténtica magia de la noche de las brujas, tras la puesta de sol. entonces, si curioso uno se acerca al alguno de los barrios verá las tumbas alumbradas por velas en lo que un par de días antes era un jardín normal; y calabazas de todos los tamaños, artesanas y comerciales por igual, que comienzan a encenderse y a parpadear morbosamente mientras el visitante se desplaza como una sombra entre la negrura de calles escasamente iluminadas. Entonces sí aparecen niños, aquí y allá, con los disfraces del lado oscuro, algunos terroríficos, y con la cercanía de sus padres llaman a las puertas de algunos vecinos que los esperan para responder a su “trick or treat” con unos dulces y chocolates (con crema de cacahuete los más, por supuesto). El paseo depara algunas sorpresas por calles: algunas permanecen mudas y oscuras, denotando que no hay niños allí, y otras bullen con un movimiento que en ningún caso supera el nivel de decibelios permitido por la ley. Pero ahí están, esos grupitos de niños, pintados y vestidos, esperando encontrar alguien que le dé dulces que atesorar y disfrutar esa noche, más tarde, en el calor y seguridad del hogar. Mientras, recorren una geografía luminosa de calabazas, algunas gigantes e hinchables, fantasmas y telas de araña enormes que adornan las entradas, y también brujas estáticas ante algunas puertas. En fin, una noche entrañable y tranquila, bajo el cielo estrellado. Para los niños, por supuesto, toda una novedad y un reto salir más tarde de las siete al mundo exterior.

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