MetAMORfosis

“Imago Mundi. Agencias. Un vagabundo en el museo: Un hombre de edad incierta, vagabundo errante del Museo de Bellas Artes. Se desconoce las razones por las que vive en el Museo, pero desde hacía un tiempo se había convertido asiduo de una de las salas de retratos antiguos de la colección permanente. Un turista le había oído interrogarle, en algún momento antes de su traslado definitivo al Museo, si no se había fijado en la belleza a temporal de las mujeres retratadas, que para él eran todas la misma mujer. No se le conoce familia alguna, aunque parece ser que este hombre tuvo algún reciente desengaño amoroso, según se comenta en los alrededores. Como el Museo queda abierto las 24 horas del día al público, y se dedica a observaratentamente los cuadros, y se cree que duerma de pie, no hay razón por la cual las autoridades puedan desalojarlo. Para los empleados, se ha convertido en el fantasma del Museo, pero a nadie parace inquietarle dada la sonrisa beatífica que el peculiar vagabundo muestra en su rostro continuamente, como si permaneciera en un continuo estado de éxtasis contemplativo. Nada indica que varíe su estado por mucho tiempo.”

Sigo pensando en ti, quién lo dijera, desde una eternidad. Te amo, bajo todos tus nombres, desde todos tus rostros, que para mí son uno y el mismo en un continuo devenir. Te conozco y reconozco, te visto y te desvisto, siempre hermosa, siempre tú, fantasma infatigable en mi memoria.

Me enamoré de ti y pensé que nunca podría conocerte, bueno, conocerte sí, porque tu rostro en el lienzo me miraba siempre que iba a buscarte. Pero yo no podía soportar que esa imagen tuya tuviese veinte siglos más que mi mirada allí presente, frente a ti. No es posible, me decía, si ahora te miro y tú me miras, estamos juntos, cómo es que dice el letrero mentiroso, siglo I, rostro anónimo romano. Tú me miras, yo te miro, en un juego sin fin. Que nadie pueda decir que nuestro amor termina, que no dura eternamente. Nuestro amor, verdaderamente, no tiene edad. Lo supe al encontrar a Platón, aquella noche lúgubre en la que quise decidir abandonarte y abandonarme, en la que entonces lo comprendí todo, las ideas, las copias, el mundo. Yo y tú, tú y yo. tú y tú. Tras la copia, la idea, claridad meridiana de la forma trasnformándose, en inifinita mirada, en amor por la amada en la amada transformada. Siglo I, siglo XI, siglo XXI, lo mismo da, ahora que el tiempo sólo existe porque lo atraviesas tú, desde la distancia, para encontrarte conmigo. Eres lo único que verdaderamente tengo. Y no voy a dejarte escapar, sencillamente porque me has atrapado y de ti no puedo salir. Vivo en el museo que es la memoria de tu rostro. Amar es ya un arte inevitable de trasnformaciones sinfines.

Te amo a través de los siglos y a través de tus rostros.

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