Memorias del comunismo


Es un lugar común entre muchos adultos de izquierdas recordar cómo en la época socialista, especialmente en los años de Kádár, todo el mundo tenía un trabajo, tenía un techo y tenía con qué alimentarse. Algunos jóvenes, sin embargo, resaltan que en aquella época, al decir de sus padres, no había variedad, por ejemplo, el plátano era una fruta desconocida y mítica que sólo los hijos de los grandes políticos podían comer. Parece ser cierto que en aquella época no existía una riqueza, un sentido desarrollado de la posesión, un ahorro por parte de las familias, porque gran parte de lo necesario lo proporcionaba el estado. Me cuentan que las familias se desplazaban sin apenas pagar nada hasta zonas de recreo para veranear en campamentos que compartían con otras familias. O que había intercambios entre colectivos de diferentes ciudades para conocer las respectivas localidades. Me cuentan también, y aun quedan, abandonadas, las ruinas de lo que hasta hace diez años aun funcionaba, que en todos los barrios había en los parques, numerosos también ahora, una serie de columpios para los niños, e incluso piscinas. Ahora yacen rotos y abandonados, porque no hay suficiente dinero y atención para ellos. Me cuentan que las madres, cuando parían un hijo, tenían tres años de baja en el trabajo, sin dejar de cobrar un forint, para dedicarlos por entero al recién nacido. Es algo que aun se mantiene, si bien el porcentaje del sueldo que se cobra es inferior al total correspondiente. Me cuentan muchas cosas del socialismo, del comunismo. Ante todo, hay cierta nostalgia por la seguridad de unas necesidades básicas que con la entrada del capitalismo ha desaparecido. La sombra del paro, el coste de la vida, la amenaza constante de las modas y las drogas son una preocupación para muchos padres, que ven que el futuro de sus hijos depende ahora de otras razones. Aunque la mayoría de ellos vive inmerso en el cambio y en la posibilidad de las esperanzas que llegan desde Europa y ocupan los televisores en forma de programas espectáculo y publicidad arrasadora.

Ahora dicen que hay gente mayor en paro que lo está porque en el comunismo todos tenían trabajo pero no todos trabajaban. De hecho, hay continuas parodias a este trabajador perezoso que nunca trabajaba porque nada ganaba ni nada perdía. Estos vagabundos no tienen buena fama, acaso los toman por hombres locos.

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Un comentario en “Memorias del comunismo

  1. Merece la pena leer tus reflexiones en esste mundo dividido, como dice Umberto Eco, entre apocalipticos e integrados. Que lastima no saber aprehender lo mejor de cada sistema, que tentación caer en el tópico del tiempo pasado, ¿nos hacemos mayores?¿asusta el cambio?. Tal vez tu sección A Orillas del Tizsa se convierta en otro “Good Bye Lenin”.

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