De cómo Ramón Gómez de la Serna se convirtió en fan de twitter (y II)

En el reciente primer congreso de Humanidades Digitales Hispánicas (hashtag #hdh2013) que ha tenido lugar en la Universidade da Coruña tuve el placer de presentar, entre muchísimos proyectos muy valiosos derivados de la tecnología humanística, el proyecto de edición en marcha del Total de Greguerías de Ramón Gómez de la Serna, un corpues total de 10.000 greguerías que quiero que estén no solo como repositorio online sino como edición viva, hipermedia y de lectura social. Recientemente recibí una beca de Hobart and William Smith Colleges para poder acercarme a mi propósito, con la posibilidad de indagar en Pittsburgh el archivo de la Serna para extraer y digitalizar fondos documentales que ilustren con materiales escaneados el mundo de la greguerías ramoniano. Debo agradecer también que esta beca me permite contar desde hace unas semanas con un grupo de colaboración en HWS para transcribir y etiquetar greguerías, prestar algo de atención a las redes sociales, dar ideas de cómo incorporar los materiales, y aprender con la experiencia (trabajando además mediante una comunidad de Google+), que en otro momento comentaré como opción pedagógica para estudiantes en formación. Por lo tanto, gracias a Kate DePietro, Katina Tibbetts, Sophie Bober y Emily Bearer por su entusiasmo y trabajo :-). Dejo aquí la presentación con las notas. Fue un placer asistir al congreso y conocer proyectos y personas tan apasionantes. ¡Nos vemos cuando queráis! Y recordad, una greguería al día es un placer. “Las greguerías son los sacapuntas de las ideas”.

La edición digital de la ficción impresa

DHD 2013

En este año que se celebra por vez primera el Día de las Humanidades Digitales en español, me gustaría aportar una reflexión sobre el futuro de las ediciones impresas una vez que dejan de serlo y pasan a ser experiencias digitales. Es decir, en qué modo y medida el canon impreso –y lo no canónico también– puede digitalizarse y cómo se hace –o aún no se hace. Por resumir el problema, la tendencia actual con que las humanidades digitales enfocan esta cuestión es sobre todo desde la investigación filológica, catalogando, etiquetando textos antiguos para su consulta exclusiva por especialistas, lo cual es un trabajo muy necesario pero insuficiente cuando pensamos en un público lector más amplio. Por ello, estas ediciones son muy complicadas de leer para el lector no especialista, para el que no es investigador nato. No tienen una estructura narrativa adecuada porque están pensadas para el análisis. Sin duda, hay un aspecto editorial que se está descuidando, quizás porque también depende de un mercado editorial aún no dispuesto a aventurar ediciones de calidad y divulgativas de muchos textos clásicos, como ha venido haciendo la tradición impresa del siglo XX a través de colecciones específicas de editoriales señeras como Castalia, Cátedra o Espasa-Calpe. ¿Qué ha pasado en el mercado digital con esta labor de difusión, de ediciones didácticas, accesibles a un público escolar y ampliamente culto o interesado? Ni siquiera con el despegue de los libros electrónicos y sus múltiples aparatos lectores de los últimos años parece que exista siquiera una mera transposición de estas ediciones al nuevo formato si no es por aficionados. En todo caso, la biblioteca Cervantes Virtual sí ha digitalizado extensivamente, a veces con calidad desigual por la rapidez de su crecimiento,  numerosas obras, y las pone a disposición de un amplio público que puede leerlas en formatos estándares: muchas de ellas se basan ya en ediciones impresas anteriores,  re-anotadas mediante el uso ahora de enlaces. Sin embargo, si bien se consideran ediciones digitalizadas, no alcanzan a ser ediciones digitales propiamente, que sería el próximo paso que dar.

Hipergutenberiana

Siguiendo algunos puntos de una presentación que nunca tuvo lugar pero que preparé en 2010, opino que en estos momentos una edición digital del tipo que sea debe basarse en mayor o menor medida en la adecuación del texto original impreso a cuatro elementos que definen hoy la interacción que se produce en las prácticas de lectura anejas a la retórica digital: secuencialidad, espacialidad, multimodalidad, intercambio social. El primero nos plantea cómo restructurar la página en un universo de pantallas. Por ejemplo, si yo ahora mismo tuviera una editorial digital de clásicos en marcha, sin duda empezaría por editar epistolarios aprovechando el formato de los blogs, en los cuales se adecua muy bien el tiempo del post y el tiempo narrativo de la epístola: la etiquetación de las diferentes epístolas o unidades me permitiría además crear otras rutas de lectura a través del epistolario, cuya secuencialidad decide en parte el lector gracias a la estructura editorial rediseñada por el especialista filólogo en colaboración con las herramientas editoriales que le dispensan (el blog mismo, por ejemplo, con sus diferentes opciones de presentar la información). Hay un magnífico ejemplo en catalán con la edición del diario de Jusep Pla.

Quadern Gris, de Jusep Pla

En segundo lugar, este tipo de secuencialidad líquida o blanda puede convertirse en un caos si no se organiza adecuadamente, ya que nos ofrece una espacialidad del texto distinta –como en 3D–, puesto que los accesos al texto son múltiples, de tal forma que podemos entrar al epistolario cronológicamente, pero también temáticamente, y en el orden u órdenes que la edición nos permita, lo cual hace la estructura de la narración más flexible en su práctica lectora. Una buena edición ha de permitir, sobre todo, un acceso intuitivo, user-friendly, pero sobre todo debe responder a la lógica de la narración, que está formada por secuencias conectadas y topos o lugares de acceso a ellas. Es posible leer Los viajes de Marco Polo sobre un mapa. Por lo tanto, para lograr una lectura inmersiva es necesario crear un buen mapa de esa narración, con los elementos o etiquetas o mapas (incluso visuales, no solo verbales) adecuados a la topografía del relato, que sobre todo el buen lector atento, el filólogo, conoce como especialista. Por eso para que esa lectura resulte tan flexible como bien hecha hace falta un especialista que mire a su público y a un editor que provea de la tecnología adecuada para realizarlo.

Los viajes de Marco Polo

En tercer lugar, la multimodalidad nos permite rediseñar la capacidad de anotar y acompañar el texto impreso con múltiples recursos multimedia que hagan de la lectura una experiencia multimodal, en la que los sentidos disfrutan complementariamente el texto con otros artefactos culturales ligados a él (imágenes estáticas, videos, música y voz), todos relativos a esa red de sugerencias que contiene todo texto. Ahí la vieja anotación a pie de página puede reconvertirse en algo distinto y adquirir auténtico protagonismo de diálogo entrelazado con el texto original, demostrando que la cultura es un diálogo a través del tiempo y de las formas. La historia es un universo ficcional, un historiverso.

Gran Gatsby música

En cuarto lugar, si bien la lectura de los dos últimos siglos se ha extendido como una solitaria en una habitación propia, el mundo de las redes sociales ha llegado para poder compartir con grupos afines lecturas afines, independientemente de la distancia. La edición digital debe ser social en ese sentido, incluso debe editarse en algunos casos mediante el uso de redes sociales para que los lectores se sumerjan literalmente en el texto y formen parte indisoluble de su tejido. El lector no es solo parte de un club de lectura, es también parte de esa lectura.

Ramón Gomez de la Serna Twitter

Me parece importante abordar esta tarea cuanto antes, e impulsar profesionalmente la edición de textos literarios a través de herramientas digitales cotidianas que ya forman parte de nuestra vida de lectura digital en otros géneros y ámbitos (el periodismo, por ejemplo). Sin duda, no es barato y hace falta cierta infraestructura y mucho trabajo en equipo (filólogos, documentalistas, informáticos y editores solo para empezar). Deberían nacer o renacer editoriales capaces de facilitar al filólogo e historiador literario herramientas adecuadas, y potenciar así un renacer del tecnofilólogo, que con todo su saber, es capaz de crear ediciones útiles y legibles para un público más amplio.

Raymon Chandler Facebook

No debería ser hoy una extrañeza, sino una establecida costumbre, que un filólogo tuviera adscritos un par de autores cuyos perfiles de Facebook o Twitter atendiera, alimentara y dinamizara, colocando citas, enlazando sugerencias bibliográficas, liderando discusiones, mostrando la actualidad de hoy con la del ayer, y recabando de los lectores posibles formas de editar tal o cual texto de tal o cual manera digitalmente, o, incluso mejor, de una manera transmedia  (pero ese es otro tema que queda para otro día). Que, en colaboración con otros especialistas en el autor, reuniera colecciones visuales en torno a las obras (ilustraciones, portadas, fotografías biográficas del autor, grabados) en repositorios populares como Pinterest (o Flickr), ligados a sus temas, sus citas textuales, y funcionaran como otras entradas a la obra y su autor y su época y la historia de sus ediciones. Que publicara y discutiera obras en el formato blog y en otros que están por crearse. Que todo ello estuviera integrado en una edición viva y proteica, continua.

En fin, que de la digitalización del texto impreso pasemos a la edición digital profesional para el público lector.

P.S. En julio presentaré algunas de estas ideas en el Congreso sobre Humanidades Digitales que tendrá lugar en A Coruña. Allí discutiremos  la estructuración de una edición del Total de greguerías de Ramón Gómez de la Serna de acuerdo a estos principios generales que acabo de comentar.

Cuando Ramón Gómez de la Serna se volvió un fan de Twitter

Total de grguerias, edición de 1962

Tomo de bolsillo de 1592 páginas en papel biblia, editado por Aguilar en 1962, que contienen las que calculo más de 10.000 greguerías y unas 300 ilustraciones del autor.

El pasado 1 de febrero tuve la oportunidad de presentar en Union College (Schenectady, NY) un proyecto que comenzó en 2010 y del que sigo pendiente a ratos a pesar de algunas interrupciones largas. El objetivo central del mismo, titulado Total de Greguerías, es una edición digital de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna, cuya recopilación fue realizada por el autor, con una introducción retrospectiva de su relación con el género, en 1955. La idea, basada en una suerte de textualteridad, de trasvase del libro hasta una base de datos con forma de blog, busca no solo crear un edición en vivo –cada día una greguería, de las más de 10.000 que jalonan el libro–, sino crear una comunidad de lectores para hacer de la experiencia una lectura social –a través de la difusión de greguerías y otras informaciones relativas a ellas y Ramón– en twitter, facebook y flickr.

Total de greguerías, edición de 1962

Retrato de Ramón y portada del Total de greguerías en la edición de Aguilar, 1962.

Hay varios aspectos relevantes, en mi opinión: el perfil del blog y las redes sociales llevan los datos reales de su autor, como si él mismo fuese el editor, lo cual acerca su personalidad a los lectores digitales; otro es la posibilidad de añadir frases e informaciones, enlaces a materiales sobre el autor para mantener vivas las redes sociales; un tercero es la posibilidad para el público de dejar repuestas a Ramón mismo en el blog y las redes sociales, iniciar discusiones, y la posibilidad de agradecer personalmente con retweets a las greguerías o informaciones que otros lectores están aportando en estas redes; y por último, hay un aspecto multimodal que además invita a expandir el universo de las greguerías generando una cultura participativa enriquecedora de la edición: algunas fueron también dibujadas por el propio Ramón, y la recolección en un muro de imágenes coral en el servicio Flickr ha permitido que otros usuarios se sumen a la iniciativa y aporten sus greguerías fotográficas, al impulso de metáfora humorística iniciada por el autor. Nada de ello colisiona, además, con la preservación del texto original, sino todo lo contrario: potencia sus cualidades y expande su universo literario. El editor se convierte en testaferro del autor, y sin duda, en un gestor de contenidos literario, que da sentido y organiza la actividad literaria de todo tipo –texto, enlaces, etc.– en torno al universo creativo de su autor. Todo ello, para mí, en su combinación, forma parte indispensable de una edición digital del aquí y ahora, y un ejemplo de cómo las humanidades digitales, aunadas al afán de difusión pública, pueden constituir un servicio que crea puentes de comunicación literaria de gran calidad, profesionales, eficaces, y aptas para el disfrute de un público digital variado.

Dejo aquí la presentación, con la intervención en inglés, que pronto verá, espero, una versión en español publicada en forma de artículo.

Edición hipermedia y sistemas de visualización de datos

“La lectura no es solo una operación abstracta de intelección: es puesta en juego del cuerpo, inscripción en un espacio, relación consigo mismo y con los otros” (Chartier, El orden de los libros)

 Imagen: munterbund.de

Inscribir el texto impreso en el espacio digital de la red no consiste solo en digitalizar sus trazos y disponerlos sobre una página de papel virtualizada. Hay que adaptarlo al nuevo espacio, a la particular geografía que nos propone la actual web 2.0. Pero, ¿cómo lo hacemos? Sin duda el texto debe convertirse en texto hipermedia, es decir, un texto en el que tanto palabras como imágenes, sonidos y movimiento se presentan e interactúan entre sí para generar espacios de información que podamos manejar, leer y responder cómodamente en una pantalla. No somos ya lectores decimonónicos que pasan páginas sino usuarios escrilectores que buscan y enlazan informaciones.Lev Manovich nos explica cómo la informática se basa en el uso de paradigmas (a partir de la creación de una base de datos) que el usuario convierte en itinerarios de lectura al elegir uno u otro dato dentro del conjunto paradigmático. Esta naturaleza arquitectónica se opone en cierto modo a la lógica de la narración analógica, en la que el itinerario sintagmático (una sucesión ya elegida de elementos) es el que vemos realmente en una página impresa. En este sentido, la tarea inicial para lograr una edición hipermedia pasa por generar con su texto un paradigma, una base de datos. Esta base de datos debe prepararse para ser usada luego con una interfaz que permita recorridos narrativos lógicos a la lectura de la información con que contamos. Los párrafos ya no se suceden unos a otros de una manera totalmente prefijada, es el usuario quien tiene la opción de ligarlos según su conveniencia, según la narrativa que esté buscando. Toda lectura es un acto de curiosidad, y cada lector siente curiosidad por diferentes aspectos que ignora y desea saber. Esto exige una delicada ingeniería de dispositio o reorganización digital del texto por parte de un especialista tecnofilólogo, para lograr que las relaciones entre fragmentos (los nuevos párrafos) ofrezcan una red de posibilidades de lectura coherentes para el usuario. Saber qué y cómo etiquetar y enlazar los datos se convierte en la más difícil especialidad retórica digital para ayudar a construir y manejar el contenido en la red semántica.

En segundo lugar, esta base de datos integra como unidades de información o fragmentos no solo palabras, sino imágenes, videos, audio. A veces, estos materiales sustituyen fácilmente a las antiguas descripciones con palabras, y en otras ocasiones complementan de diversas maneras las ideas hechas palabras. Esta multimodalidad bien aplicada siempre refuerza el mensaje. Pero hay un uso distinto, especialmente de las imágenes y el diseño visual entendidos como información gráfica, que ayudan no solo a ilustrar, sino también a estructurar la narrativa a partir de una base de datos: las técnicas de visualización de datos. Edward Tufte ha dedicado varias décadas a mostrar y analizar cómo desde los antiguos mapas y otros métodos se ha conceptualizado gráficamente la información, y cómo podemos mejorarla. Lo cierto es que la sugerente imagen del mapa (¿del tesoro?) nos ayuda a comprender muy bien la idea y su mecanismo: el mapa es al mismo una imagen total de un espacio sobre el que podemos crear diversos recorridos muy particulares. En un mapa podemos detenernos en áreas pequeñas y luego seguir a otras, deteniéndonos donde nos interese. Cada recorrido es una aventura, una narración, una lectura. Si las unidades de lectura significativas (nuestros fragmentos) están bien asociadas y enlazadas a su punto en el mapa, podemos recorrerlo sabiendo que nuestro itinerario nos deparará una aventura narrativa satisfactoria, porque no nos perdemos pero tenemos libertad de movimiento. Esta es una manera de espacializar la narración, de convertirla en base de datos y ofrecerle un espacio gráfico y conceptual al mismo tiempo donde habitar como un todo narrativo en red. Para quien desee atisbar el futuro de estas aplicaciones, recomiendo este impactante video del TED en el que Deb Roy nos demuestra cómo dibujar mapas dinámicos del aprendizaje de las primeras palabras de un niño en su entorno familiar o cómo mostrar la actividad concreta de un tema en toda la esfera pública.

Los sistemas de visualización de datos y data mining nos ofrecen en la red cada vez más oportunidades de recoger datos de los grandes repositorios (Google, Twitter, Flickr) y generar gráficas sobre las que recuperar de una manera significativa el contenido, creando el usuario itinerarios narrativos de interés. ¿Es posible plantear lo mismo para un libro previamente pensado para ser impreso? Esto es lo que TheProject busca experimentar y desarrollar en un proyecto hipermedia en colaboración con Álvaro Llosa y Mónica Poza (diseño de edición), Ikuska Sanz (documentalista) y  posibles empresas de visualización de datos, como Bestiario (data visualization). El objetivo es convertir un manual de empresa, un texto informativo pensado previamente para ser impreso, en una base de datos cuyo acceso se realiza mediante un sistema gráfico de visualización de datos interactivo. Aún más, si el hipermedia hoy nos se entiende sin la interacción social, la creación en red de una comunidad lectora, los propios itinerarios de lectura con sus comentarios de los usuarios quedan también reflejados y disponibles como otros mapas para buscar el tesoro en múltiples recorridos dentro del mapa. Mejor que una descripción, dejo aquí un video con la propuesta :-).

¿Se imaginan algo así, con formas más complejas y creativas, no ya para transitar por un manual, sino para viajar por relatos de ficción?
[Artículo publicado originalmente en The Project.ws: http://www.theproject.ws/es/hiperliteratura-mas-alla-del-papel/entrada/edicion-hipermedia-y-sistemas-de-visualizacion-de-datos]

Capitulando en el medio digital. (I) La información científica

La fragmentación en los hábitos de lectura y escritura con la que los nativos digitales parecen identificarse -y cuyos efectos comentamos en otro artículo de nuestro hilo- nos lleva hoy a repasar algunas iniciativas que toman esta nueva razón retórica del universo hipermedia y la adaptan a la distribución tradicional de la información, transmitida en la Edad Moderna y hasta hace bien poco en volúmenes fijados por el editor y el impresor.


El primer servicio se llama Chapterizer y lo ofrece la librería online eBookPie. Vende sus libros completos, o, al modo en que iTunes lo popularizó para la música, en fragmentos. Aprovecha para ello la división de capítulos habitual en el formato del códice, que nos ha servido durante siglos para fragmentar el texto en capsulitas o unidades diferenciadas, de forma que la localización de pasajes o desarrollos de un tema se presentaba de una manera más organizada y/o analítica. El nuevo servicio online permite diferenciar los capítulos, separar los que interesen, y comprarlo por separado, si el resto del libro no nos interesa. Esto resulta de gran utilidad para los libros técnicos, sin duda. Permitiría también, en obras de ficción ya conocidas, seleccionar el capítulo favorito o aquel que necesitamos. El servicio está dirigido a los editores, quienes deciden fragmentar los textos y ofrecer estos capítulos.

El segundo servicio, que ofrece una mayor libertad para el usuario final, el lector, bebe de la categoría open source y las licencias copyleft, de la mano de Wikipedia. Se llama Book creator y funciona también en su versión española. Se trata de que el mismo lector pueda elaborar su propio libro en formato PDF (u OpenDocument) a partir de artículos visitados en la Wikipedia. De esta forma podemos crear nuestros libros de consulta temáticos y descargarlos gratuitamente o pedir una copia impresa si lo deseamos, para quien desee leerlos sobre papel. O, también, dado que algunos textos literarios forman parte del proyecto Wikimedia, crear una antología de selección de textos favoritos o esenciales según un propósito. La iniciativa es buena porque ofrece una mayor flexibilidad a la hora de organizar las lecturas visitadas a la enciclopedia, aunque al mismo tiempo es una manera de volver la vista atrás, a adoptar digitalmente prácticas tan recientes como la creación de libros de la asignatura escolar universitaria a partir de fotocopias de extractos ofrecidos en una lista por el profesor, cuando no es posible comprar la antología prediseñada para su público educativo por un respetable editor.


El tercer servicio aborda precisamente esta ultima práctica, muy habitual en la universidad estadounidense, de crear readers o antologías de lecturas para el curso. McGraw Hill presentó hace no mucho su The Ideal Reader, donde pueden elegirse entre 700 extractos o capítulos para conformar el libro perfecto para cada profesor. La búsqueda puede hacerse por autores, materias, géneros, e incluso lo que han denominado “modo retórico”, que recupera, con ciertas actualizaciones, las antiguas clasificaciones de las técnicas discursivas de la retórica clásica (sí, ya ven, desde la narratio hasta la argumentatio, como pueden ver en la captura de pantalla que les ofrezco).

El profesor se convierte en editoautor online, participando en el proceso de la composición completa del libro al estilo más clásico de creación de un discurso (McGraw nos ofrece un comienzo del mismo mediante la inventio o recuperación de ideas y materiales diversos -sección find content-,  la dispositio mediante el orden de dichos materiales o lugares comunes del conocimiento -sección arrange-, y la elocutio final al personalizar con un estilo personal los materiales del volumen creado -sección personalize-); todo ello extraído, como comentaba, del florilegio o enciclopedia de topoi o lugares comunes temáticamente ofrecidos y ya prediseñados por la editorial. El texto final puede pedirse impreso o descargarse en PDF, en un remedo digital de la actio retórica clásica.

Por todo ello, estos procedimientos no representan en sí mismos una gran novedad histórica, y debemos recordar que en la época previa a la imprenta, y en especial como práctica habitual en los scriptoria medievales, se creaban manuscritos a partir de obras variadas que se reunían en un mismo volumen con una intención determinada (compilatio), como por ejemplo muestra el mss. P de El conde Lucanor, que contiene otras cinco obras diferentes. La práctica incluso se perpetuó en la (sub)cultura manuscrita del Renacimiento y el Barroco, siglos en los que los libreros universitarios hacían copias de cuadernillos a pecia (antiguas fotocopias hechas a mano de copistas) para uso de los estudiantes. Otra técnica muy asociada al mundo manuscrito en especial, perpetuado luego en el de la imprenta, fue la de los marginalia o anotaciones que comentaban, corregían, ampliaban los textos, formando parte de los mismos, si bien sólo del ejemplar leído y anotado (cada ejemplar manuscrito era por ta
nto una edición diferente en sí mismo por estas razones).

Ciertamente con la aparición de la imprenta, la disposición de capítulos y fragmentos quedó progresivamente instituida y afiliada a un orden determinado por la edición (autorizada, que también las había, y muchas, piratas) y el volumen que la acoge. Sin duda, para la Ilustración ese papel marcado a fuego de imprenta, junto con la valoración del volumen escrito como fuente de conocimiento, ha generado con el tiempo un especial halo de autoridad hacia la edición fijada, entendida como obra final, pulida, retocada, y esplendor bruñido de la verdad sobre una materia.

Esto último es lo que los servicios online que he repasado aún perpetúan en cierto modo. Si bien al comienzo de cada curso el profesor o el lector puede crear un nuevo volumen actualizando o cambiando algunos textos, o incorporando otros nuevos disponibles con facilidad, cualquier cambio necesario para realizar durante el curso mismo se vuelve impracticable, dado que el resultado final sigue siendo un volumen fijo físico o digital (y el formato PDF, aunque tenga la oportunidad de ser modificado con cierta facilidad, tiene la cualidad original de mantener una disposición fija de los materiales). Así, desde una perspectiva del conocimiento como texto flexible, el modelo ofrecido por los dos servicios online comentados necesita un par de empujones más, que igualaría y al fin superarían las prácticas medievales.

  • Por una parte, la capacidad de la edición de cambiar o alterar su contenido en el instante en que la editorial modifique el texto mismo o añada cualquier información en él
  • Por otra parte, la capacidad del lector o del estudiante (el profesor puede hacerlo, pero solamente al crear la edición) de incorporar o añadir información al margen o no del texto en cualquier momento durante el curso.
  • Además, habría que señalar la notable ausencia de materiales audiovisuales y las posibles conexiones que etiquetas y enlaces permiten actualmente.
  • Y por último, parece necesaria ya la incorporación de redes sociales que mantengan al tanto a lectores, estudiantes, profesor, de novedades respecto a los temas centrales del texto que se está estudiando.

Visto desde la perspectiva hipermedia, estas ediciones no sólo resultan incompletas, sino fragmentadas y desconectadas (por aisladas) entre sus propios materiales. La ya habitual crítica hacia la fragmentación del texto que propone la retórica hipermedia podría muy bien ser invertida aquí al atender lo dicho. Si bien estas ediciones muestran inicialmente un acercamiento más personalizado y preciso del universo que el profesor quiere transmitir durante un curso, estas ediciones elaboradas en la nube no nos permiten conectar, al modo 2.0 con que han sido creadas, ni los distintos textos que las componen, ni sus enlaces a otros textos o lugares de conocimiento fuera del mismo, ni siquiera permiten tomar el texto como pretexto mismo para ir añadiendo en unos márgenes nuevos materiales hipermedia (o no) durante el curso, enlazando en ellos nuestros descubrimientos y notas de la clase y del estudio. Salvo que el estudiante o lector use un editor de pdf, ni siquiera podrá utilizar la magnífica técnica de los marginalia heredada de la escolástica medieval. Algo que sí recupera y potencia, sin embargo, la plantilla creada para WordPress por futureofthebook.org.

Por ello creo que, si de algo debe servir esta labor online de compositio y divisio textus que genera tantas posibilidades de dispositio como lectoeditores haya, si de algo podemos aprovecharnos con esta fragmentación de materiales, será para perfeccionar la idea del manejo de un volumen flexible, y no de perpetuar o mejorar solamente antiguas y viejas prácticas (lo que sin duda es un paso interesante en la relación del códice con lo digital), sino también para ir más allá y aprovechar las tecnologías de cada momento que nos permitan crear una dispositio eficaz y pertinente de los materiales en el soporte en que se difunden.
Seguramente McGraw Hill está pensando en ello, y sería una irresponsabilidad por su parte, como empresa editorial tan fuerte como es, que no lo hiciera pronto. Sin dudar que el servicio online es muy rentable en estos momentos (también se orienta a que los editores de ficción publiciten sus novedades a través de regalos de capítulos online vía twitter), y si bien es verdad que ofrece una cierta flexibilidad en el enfoque del libro de texto, lo que atraerá el interés de la mayoría de profesores, el camino más interesante y propio del medio digital está por recorrer.
En la wikipedia de hoy, la frase del día viene de la mano de Aristóteles, su Metafísica, y rubrica el trasfondo educativo del artículo de hoy:
«Todos los hombres por su naturaleza desean conocer»

Los dispositivos tecnológicos de conocimiento deben ayudar a poner los mejores medios (y el acceso a variados y diversos contenidos) para ello.