Edición hipermedia y sistemas de visualización de datos

“La lectura no es solo una operación abstracta de intelección: es puesta en juego del cuerpo, inscripción en un espacio, relación consigo mismo y con los otros” (Chartier, El orden de los libros)

 Imagen: munterbund.de

Inscribir el texto impreso en el espacio digital de la red no consiste solo en digitalizar sus trazos y disponerlos sobre una página de papel virtualizada. Hay que adaptarlo al nuevo espacio, a la particular geografía que nos propone la actual web 2.0. Pero, ¿cómo lo hacemos? Sin duda el texto debe convertirse en texto hipermedia, es decir, un texto en el que tanto palabras como imágenes, sonidos y movimiento se presentan e interactúan entre sí para generar espacios de información que podamos manejar, leer y responder cómodamente en una pantalla. No somos ya lectores decimonónicos que pasan páginas sino usuarios escrilectores que buscan y enlazan informaciones.Lev Manovich nos explica cómo la informática se basa en el uso de paradigmas (a partir de la creación de una base de datos) que el usuario convierte en itinerarios de lectura al elegir uno u otro dato dentro del conjunto paradigmático. Esta naturaleza arquitectónica se opone en cierto modo a la lógica de la narración analógica, en la que el itinerario sintagmático (una sucesión ya elegida de elementos) es el que vemos realmente en una página impresa. En este sentido, la tarea inicial para lograr una edición hipermedia pasa por generar con su texto un paradigma, una base de datos. Esta base de datos debe prepararse para ser usada luego con una interfaz que permita recorridos narrativos lógicos a la lectura de la información con que contamos. Los párrafos ya no se suceden unos a otros de una manera totalmente prefijada, es el usuario quien tiene la opción de ligarlos según su conveniencia, según la narrativa que esté buscando. Toda lectura es un acto de curiosidad, y cada lector siente curiosidad por diferentes aspectos que ignora y desea saber. Esto exige una delicada ingeniería de dispositio o reorganización digital del texto por parte de un especialista tecnofilólogo, para lograr que las relaciones entre fragmentos (los nuevos párrafos) ofrezcan una red de posibilidades de lectura coherentes para el usuario. Saber qué y cómo etiquetar y enlazar los datos se convierte en la más difícil especialidad retórica digital para ayudar a construir y manejar el contenido en la red semántica.

En segundo lugar, esta base de datos integra como unidades de información o fragmentos no solo palabras, sino imágenes, videos, audio. A veces, estos materiales sustituyen fácilmente a las antiguas descripciones con palabras, y en otras ocasiones complementan de diversas maneras las ideas hechas palabras. Esta multimodalidad bien aplicada siempre refuerza el mensaje. Pero hay un uso distinto, especialmente de las imágenes y el diseño visual entendidos como información gráfica, que ayudan no solo a ilustrar, sino también a estructurar la narrativa a partir de una base de datos: las técnicas de visualización de datos. Edward Tufte ha dedicado varias décadas a mostrar y analizar cómo desde los antiguos mapas y otros métodos se ha conceptualizado gráficamente la información, y cómo podemos mejorarla. Lo cierto es que la sugerente imagen del mapa (¿del tesoro?) nos ayuda a comprender muy bien la idea y su mecanismo: el mapa es al mismo una imagen total de un espacio sobre el que podemos crear diversos recorridos muy particulares. En un mapa podemos detenernos en áreas pequeñas y luego seguir a otras, deteniéndonos donde nos interese. Cada recorrido es una aventura, una narración, una lectura. Si las unidades de lectura significativas (nuestros fragmentos) están bien asociadas y enlazadas a su punto en el mapa, podemos recorrerlo sabiendo que nuestro itinerario nos deparará una aventura narrativa satisfactoria, porque no nos perdemos pero tenemos libertad de movimiento. Esta es una manera de espacializar la narración, de convertirla en base de datos y ofrecerle un espacio gráfico y conceptual al mismo tiempo donde habitar como un todo narrativo en red. Para quien desee atisbar el futuro de estas aplicaciones, recomiendo este impactante video del TED en el que Deb Roy nos demuestra cómo dibujar mapas dinámicos del aprendizaje de las primeras palabras de un niño en su entorno familiar o cómo mostrar la actividad concreta de un tema en toda la esfera pública.

Los sistemas de visualización de datos y data mining nos ofrecen en la red cada vez más oportunidades de recoger datos de los grandes repositorios (Google, Twitter, Flickr) y generar gráficas sobre las que recuperar de una manera significativa el contenido, creando el usuario itinerarios narrativos de interés. ¿Es posible plantear lo mismo para un libro previamente pensado para ser impreso? Esto es lo que TheProject busca experimentar y desarrollar en un proyecto hipermedia en colaboración con Álvaro Llosa y Mónica Poza (diseño de edición), Ikuska Sanz (documentalista) y  posibles empresas de visualización de datos, como Bestiario (data visualization). El objetivo es convertir un manual de empresa, un texto informativo pensado previamente para ser impreso, en una base de datos cuyo acceso se realiza mediante un sistema gráfico de visualización de datos interactivo. Aún más, si el hipermedia hoy nos se entiende sin la interacción social, la creación en red de una comunidad lectora, los propios itinerarios de lectura con sus comentarios de los usuarios quedan también reflejados y disponibles como otros mapas para buscar el tesoro en múltiples recorridos dentro del mapa. Mejor que una descripción, dejo aquí un video con la propuesta :-).

¿Se imaginan algo así, con formas más complejas y creativas, no ya para transitar por un manual, sino para viajar por relatos de ficción?
[Artículo publicado originalmente en The Project.ws: http://www.theproject.ws/es/hiperliteratura-mas-alla-del-papel/entrada/edicion-hipermedia-y-sistemas-de-visualizacion-de-datos]

Mike Matas: A next-generation digital book

Es interesante cómo en un primer momento este libro-app distribuye la información jerárquicamente de una manera muy visual y táctil. Los capítulos pueden pasarse como páginas y debajo de ellos en miniaturas aparecen las páginas, que con un toque ocupan el espacio total de la pantalla. Cada página contiene diferente media y puede ampliarse tanto el texto como los videos o las imágenes. Es esta una inteligente remediación del libro impreso, enriquecido con algunas características netamente digitales, como el aspecto multimedia interactivo. La ausencia de interacción social es absoluta, no sabemos si es posible destacar, compartir o recomendar cualquiera de los recursos generados. Pero desde luego, echo de menos una mayor independencia de la linealidad a la hora de acceder al contenido. Hay que seguir pasando tres páginas para consultar, por ejemplo, el capítulo tercero, y lo mismo con el contenido de cada una de las secciones, que gráficamente remedan páginas impresas. ¿No hay otra manera, mediante una arquitectura espacial gráfica más elaborada, de poder acceder a dicha información, a los capítulos, y también a las secciones o ideas dentro de cada uno? Incluso el índice de un libro impreso nos ofrece esta posibilidad de acceso no lineal. En este sentido, más interesantes son los gráficso interactivos, auténticas narrativas digitales donde un mapa nos sirve de localizador del contenido.

La propuesta es interesante, y plantea reflexiones sobre la naturaleza híbrida de la disposición del contenido digital hoy, deudor y competidor del contenido impreso. ¿Para cuándo una mayor presencia de mapas conceptuales para acceder al contenido?