De cómo Ramón Gómez de la Serna se convirtió en fan de twitter (y II)

En el reciente primer congreso de Humanidades Digitales Hispánicas (hashtag #hdh2013) que ha tenido lugar en la Universidade da Coruña tuve el placer de presentar, entre muchísimos proyectos muy valiosos derivados de la tecnología humanística, el proyecto de edición en marcha del Total de Greguerías de Ramón Gómez de la Serna, un corpues total de 10.000 greguerías que quiero que estén no solo como repositorio online sino como edición viva, hipermedia y de lectura social. Recientemente recibí una beca de Hobart and William Smith Colleges para poder acercarme a mi propósito, con la posibilidad de indagar en Pittsburgh el archivo de la Serna para extraer y digitalizar fondos documentales que ilustren con materiales escaneados el mundo de la greguerías ramoniano. Debo agradecer también que esta beca me permite contar desde hace unas semanas con un grupo de colaboración en HWS para transcribir y etiquetar greguerías, prestar algo de atención a las redes sociales, dar ideas de cómo incorporar los materiales, y aprender con la experiencia (trabajando además mediante una comunidad de Google+), que en otro momento comentaré como opción pedagógica para estudiantes en formación. Por lo tanto, gracias a Kate DePietro, Katina Tibbetts, Sophie Bober y Emily Bearer por su entusiasmo y trabajo :-). Dejo aquí la presentación con las notas. Fue un placer asistir al congreso y conocer proyectos y personas tan apasionantes. ¡Nos vemos cuando queráis! Y recordad, una greguería al día es un placer. “Las greguerías son los sacapuntas de las ideas”.

La edición digital de la ficción impresa

DHD 2013

En este año que se celebra por vez primera el Día de las Humanidades Digitales en español, me gustaría aportar una reflexión sobre el futuro de las ediciones impresas una vez que dejan de serlo y pasan a ser experiencias digitales. Es decir, en qué modo y medida el canon impreso –y lo no canónico también– puede digitalizarse y cómo se hace –o aún no se hace. Por resumir el problema, la tendencia actual con que las humanidades digitales enfocan esta cuestión es sobre todo desde la investigación filológica, catalogando, etiquetando textos antiguos para su consulta exclusiva por especialistas, lo cual es un trabajo muy necesario pero insuficiente cuando pensamos en un público lector más amplio. Por ello, estas ediciones son muy complicadas de leer para el lector no especialista, para el que no es investigador nato. No tienen una estructura narrativa adecuada porque están pensadas para el análisis. Sin duda, hay un aspecto editorial que se está descuidando, quizás porque también depende de un mercado editorial aún no dispuesto a aventurar ediciones de calidad y divulgativas de muchos textos clásicos, como ha venido haciendo la tradición impresa del siglo XX a través de colecciones específicas de editoriales señeras como Castalia, Cátedra o Espasa-Calpe. ¿Qué ha pasado en el mercado digital con esta labor de difusión, de ediciones didácticas, accesibles a un público escolar y ampliamente culto o interesado? Ni siquiera con el despegue de los libros electrónicos y sus múltiples aparatos lectores de los últimos años parece que exista siquiera una mera transposición de estas ediciones al nuevo formato si no es por aficionados. En todo caso, la biblioteca Cervantes Virtual sí ha digitalizado extensivamente, a veces con calidad desigual por la rapidez de su crecimiento,  numerosas obras, y las pone a disposición de un amplio público que puede leerlas en formatos estándares: muchas de ellas se basan ya en ediciones impresas anteriores,  re-anotadas mediante el uso ahora de enlaces. Sin embargo, si bien se consideran ediciones digitalizadas, no alcanzan a ser ediciones digitales propiamente, que sería el próximo paso que dar.

Hipergutenberiana

Siguiendo algunos puntos de una presentación que nunca tuvo lugar pero que preparé en 2010, opino que en estos momentos una edición digital del tipo que sea debe basarse en mayor o menor medida en la adecuación del texto original impreso a cuatro elementos que definen hoy la interacción que se produce en las prácticas de lectura anejas a la retórica digital: secuencialidad, espacialidad, multimodalidad, intercambio social. El primero nos plantea cómo restructurar la página en un universo de pantallas. Por ejemplo, si yo ahora mismo tuviera una editorial digital de clásicos en marcha, sin duda empezaría por editar epistolarios aprovechando el formato de los blogs, en los cuales se adecua muy bien el tiempo del post y el tiempo narrativo de la epístola: la etiquetación de las diferentes epístolas o unidades me permitiría además crear otras rutas de lectura a través del epistolario, cuya secuencialidad decide en parte el lector gracias a la estructura editorial rediseñada por el especialista filólogo en colaboración con las herramientas editoriales que le dispensan (el blog mismo, por ejemplo, con sus diferentes opciones de presentar la información). Hay un magnífico ejemplo en catalán con la edición del diario de Jusep Pla.

Quadern Gris, de Jusep Pla

En segundo lugar, este tipo de secuencialidad líquida o blanda puede convertirse en un caos si no se organiza adecuadamente, ya que nos ofrece una espacialidad del texto distinta –como en 3D–, puesto que los accesos al texto son múltiples, de tal forma que podemos entrar al epistolario cronológicamente, pero también temáticamente, y en el orden u órdenes que la edición nos permita, lo cual hace la estructura de la narración más flexible en su práctica lectora. Una buena edición ha de permitir, sobre todo, un acceso intuitivo, user-friendly, pero sobre todo debe responder a la lógica de la narración, que está formada por secuencias conectadas y topos o lugares de acceso a ellas. Es posible leer Los viajes de Marco Polo sobre un mapa. Por lo tanto, para lograr una lectura inmersiva es necesario crear un buen mapa de esa narración, con los elementos o etiquetas o mapas (incluso visuales, no solo verbales) adecuados a la topografía del relato, que sobre todo el buen lector atento, el filólogo, conoce como especialista. Por eso para que esa lectura resulte tan flexible como bien hecha hace falta un especialista que mire a su público y a un editor que provea de la tecnología adecuada para realizarlo.

Los viajes de Marco Polo

En tercer lugar, la multimodalidad nos permite rediseñar la capacidad de anotar y acompañar el texto impreso con múltiples recursos multimedia que hagan de la lectura una experiencia multimodal, en la que los sentidos disfrutan complementariamente el texto con otros artefactos culturales ligados a él (imágenes estáticas, videos, música y voz), todos relativos a esa red de sugerencias que contiene todo texto. Ahí la vieja anotación a pie de página puede reconvertirse en algo distinto y adquirir auténtico protagonismo de diálogo entrelazado con el texto original, demostrando que la cultura es un diálogo a través del tiempo y de las formas. La historia es un universo ficcional, un historiverso.

Gran Gatsby música

En cuarto lugar, si bien la lectura de los dos últimos siglos se ha extendido como una solitaria en una habitación propia, el mundo de las redes sociales ha llegado para poder compartir con grupos afines lecturas afines, independientemente de la distancia. La edición digital debe ser social en ese sentido, incluso debe editarse en algunos casos mediante el uso de redes sociales para que los lectores se sumerjan literalmente en el texto y formen parte indisoluble de su tejido. El lector no es solo parte de un club de lectura, es también parte de esa lectura.

Ramón Gomez de la Serna Twitter

Me parece importante abordar esta tarea cuanto antes, e impulsar profesionalmente la edición de textos literarios a través de herramientas digitales cotidianas que ya forman parte de nuestra vida de lectura digital en otros géneros y ámbitos (el periodismo, por ejemplo). Sin duda, no es barato y hace falta cierta infraestructura y mucho trabajo en equipo (filólogos, documentalistas, informáticos y editores solo para empezar). Deberían nacer o renacer editoriales capaces de facilitar al filólogo e historiador literario herramientas adecuadas, y potenciar así un renacer del tecnofilólogo, que con todo su saber, es capaz de crear ediciones útiles y legibles para un público más amplio.

Raymon Chandler Facebook

No debería ser hoy una extrañeza, sino una establecida costumbre, que un filólogo tuviera adscritos un par de autores cuyos perfiles de Facebook o Twitter atendiera, alimentara y dinamizara, colocando citas, enlazando sugerencias bibliográficas, liderando discusiones, mostrando la actualidad de hoy con la del ayer, y recabando de los lectores posibles formas de editar tal o cual texto de tal o cual manera digitalmente, o, incluso mejor, de una manera transmedia  (pero ese es otro tema que queda para otro día). Que, en colaboración con otros especialistas en el autor, reuniera colecciones visuales en torno a las obras (ilustraciones, portadas, fotografías biográficas del autor, grabados) en repositorios populares como Pinterest (o Flickr), ligados a sus temas, sus citas textuales, y funcionaran como otras entradas a la obra y su autor y su época y la historia de sus ediciones. Que publicara y discutiera obras en el formato blog y en otros que están por crearse. Que todo ello estuviera integrado en una edición viva y proteica, continua.

En fin, que de la digitalización del texto impreso pasemos a la edición digital profesional para el público lector.

P.S. En julio presentaré algunas de estas ideas en el Congreso sobre Humanidades Digitales que tendrá lugar en A Coruña. Allí discutiremos  la estructuración de una edición del Total de greguerías de Ramón Gómez de la Serna de acuerdo a estos principios generales que acabo de comentar.

Cuando Ramón Gómez de la Serna se volvió un fan de Twitter

Total de grguerias, edición de 1962

Tomo de bolsillo de 1592 páginas en papel biblia, editado por Aguilar en 1962, que contienen las que calculo más de 10.000 greguerías y unas 300 ilustraciones del autor.

El pasado 1 de febrero tuve la oportunidad de presentar en Union College (Schenectady, NY) un proyecto que comenzó en 2010 y del que sigo pendiente a ratos a pesar de algunas interrupciones largas. El objetivo central del mismo, titulado Total de Greguerías, es una edición digital de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna, cuya recopilación fue realizada por el autor, con una introducción retrospectiva de su relación con el género, en 1955. La idea, basada en una suerte de textualteridad, de trasvase del libro hasta una base de datos con forma de blog, busca no solo crear un edición en vivo –cada día una greguería, de las más de 10.000 que jalonan el libro–, sino crear una comunidad de lectores para hacer de la experiencia una lectura social –a través de la difusión de greguerías y otras informaciones relativas a ellas y Ramón– en twitter, facebook y flickr.

Total de greguerías, edición de 1962

Retrato de Ramón y portada del Total de greguerías en la edición de Aguilar, 1962.

Hay varios aspectos relevantes, en mi opinión: el perfil del blog y las redes sociales llevan los datos reales de su autor, como si él mismo fuese el editor, lo cual acerca su personalidad a los lectores digitales; otro es la posibilidad de añadir frases e informaciones, enlaces a materiales sobre el autor para mantener vivas las redes sociales; un tercero es la posibilidad para el público de dejar repuestas a Ramón mismo en el blog y las redes sociales, iniciar discusiones, y la posibilidad de agradecer personalmente con retweets a las greguerías o informaciones que otros lectores están aportando en estas redes; y por último, hay un aspecto multimodal que además invita a expandir el universo de las greguerías generando una cultura participativa enriquecedora de la edición: algunas fueron también dibujadas por el propio Ramón, y la recolección en un muro de imágenes coral en el servicio Flickr ha permitido que otros usuarios se sumen a la iniciativa y aporten sus greguerías fotográficas, al impulso de metáfora humorística iniciada por el autor. Nada de ello colisiona, además, con la preservación del texto original, sino todo lo contrario: potencia sus cualidades y expande su universo literario. El editor se convierte en testaferro del autor, y sin duda, en un gestor de contenidos literario, que da sentido y organiza la actividad literaria de todo tipo –texto, enlaces, etc.– en torno al universo creativo de su autor. Todo ello, para mí, en su combinación, forma parte indispensable de una edición digital del aquí y ahora, y un ejemplo de cómo las humanidades digitales, aunadas al afán de difusión pública, pueden constituir un servicio que crea puentes de comunicación literaria de gran calidad, profesionales, eficaces, y aptas para el disfrute de un público digital variado.

Dejo aquí la presentación, con la intervención en inglés, que pronto verá, espero, una versión en español publicada en forma de artículo.

Mike Matas: A next-generation digital book

Es interesante cómo en un primer momento este libro-app distribuye la información jerárquicamente de una manera muy visual y táctil. Los capítulos pueden pasarse como páginas y debajo de ellos en miniaturas aparecen las páginas, que con un toque ocupan el espacio total de la pantalla. Cada página contiene diferente media y puede ampliarse tanto el texto como los videos o las imágenes. Es esta una inteligente remediación del libro impreso, enriquecido con algunas características netamente digitales, como el aspecto multimedia interactivo. La ausencia de interacción social es absoluta, no sabemos si es posible destacar, compartir o recomendar cualquiera de los recursos generados. Pero desde luego, echo de menos una mayor independencia de la linealidad a la hora de acceder al contenido. Hay que seguir pasando tres páginas para consultar, por ejemplo, el capítulo tercero, y lo mismo con el contenido de cada una de las secciones, que gráficamente remedan páginas impresas. ¿No hay otra manera, mediante una arquitectura espacial gráfica más elaborada, de poder acceder a dicha información, a los capítulos, y también a las secciones o ideas dentro de cada uno? Incluso el índice de un libro impreso nos ofrece esta posibilidad de acceso no lineal. En este sentido, más interesantes son los gráficso interactivos, auténticas narrativas digitales donde un mapa nos sirve de localizador del contenido.

La propuesta es interesante, y plantea reflexiones sobre la naturaleza híbrida de la disposición del contenido digital hoy, deudor y competidor del contenido impreso. ¿Para cuándo una mayor presencia de mapas conceptuales para acceder al contenido?

Librinos. La nueva forma de leer

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Remediaciones, de la pantalla a la página. Un híbrido también entre el formato del códice-libro de bolsillo y el rollo antiguo de lectura vertical. Se deja de leer en dos páginas-columna para leer solo una más larga, que no se enrolla sobre sí misma pero se dobla sobre su eje. Económico, ultraportátil y de gran almacenamiento. Sin cables. Fácil, práctico, ecológico, alta tecnología, innovadores, se dice en la publicidad. ¿Cuánto cambia el libro impreso y cómo nos está cambiando la lectura en pantalla con su desplazamiento vertical y su almacenamiento ecológico y ultraportable?