Nanoliteratura: editando la literatura impresa en otra dimensión

La aparición del hipertexto cómo práctica de lectura ligada al medio digital está cambiando en las últimas décadas nuestra manera de acercarnos y leer la información y también la forma en que construimos los relatos, ficticios o no. Si entendemos el texto impreso como un conjunto de nexos verbales que articulan un discurso de unidades menores cuya combinación completa muestra toda la información posible y extendida sobre un relato, entonces el hipertexto nos permite crear una serie de plegados en él gracias a la dimensión retórica de asociación que posee el enlace hipertextual. Mientras que la idea de unidades retóricas asociativas en el texto se consolidó con el concepto de lexía (Roland Barthes), y la de su aplicación a la articulación concreta del hipertexto con el concepto retórico de enlace (George Landow), la descripción y existencia de un texto plegado, según la idea de Rodríguez de las Heras para definir la actividad hipertextual, no ha sido aplicada más que a los nuevos textos creados en el ámbito digital, especialmente informativos. ¿Es posible plegar un texto literario procedente de una cultura impresa? ¿Hasta dónde llegan sus pliegues?¿Y cómo hacerlo sin perder su narratividad? Dado que la unidad de plegado ya no sería el párrafo de la página impresa, sino un haz de lexias de variada dimensión, esto supone atomizar y desintegrar el texto en secciones mínimas que hasta ahora nunca hemos juzgado pertinentes. ¿Tiene sentido y futuro esta nanoliteratura en el conjunto de prácticas lectoras actuales? Si repensamos algunas técnicas básicas de dispositio en la retórica clásica, encontramos algunas vías lógicas de plegado del texto impreso que permitirían una práctica de lectura hipertextual sin perder el texto original, adaptándolo a la nueva dimensión de prácticas lectoras no lineales en la era del hipertexto.

¿Te interesa esta cuestión? Puedes leer el artículo completo en Academia.edu.

Dejo además aquí la presentación realizada en el congreso de la Asociación Beta de Valencia, que tuvo lugar hace casi dos años, y ayuda a ilustrar gráficamente los aspectos más relevantes del artículo, recién publicado en 2014.

También quiero permitir la descarga de la versión nanoliteraria en estado beta del relato Rayo de luna de Gustavo Adolfo Bécquer, al que se somete al proceso discutido en la presentación y el artículo. ¿Qué opinas como lector, es plausible editar y leer nanoliterariamente?

Descargar el Rayo de luna para iBooks (iPad/Mac)

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Mike Matas: A next-generation digital book

Es interesante cómo en un primer momento este libro-app distribuye la información jerárquicamente de una manera muy visual y táctil. Los capítulos pueden pasarse como páginas y debajo de ellos en miniaturas aparecen las páginas, que con un toque ocupan el espacio total de la pantalla. Cada página contiene diferente media y puede ampliarse tanto el texto como los videos o las imágenes. Es esta una inteligente remediación del libro impreso, enriquecido con algunas características netamente digitales, como el aspecto multimedia interactivo. La ausencia de interacción social es absoluta, no sabemos si es posible destacar, compartir o recomendar cualquiera de los recursos generados. Pero desde luego, echo de menos una mayor independencia de la linealidad a la hora de acceder al contenido. Hay que seguir pasando tres páginas para consultar, por ejemplo, el capítulo tercero, y lo mismo con el contenido de cada una de las secciones, que gráficamente remedan páginas impresas. ¿No hay otra manera, mediante una arquitectura espacial gráfica más elaborada, de poder acceder a dicha información, a los capítulos, y también a las secciones o ideas dentro de cada uno? Incluso el índice de un libro impreso nos ofrece esta posibilidad de acceso no lineal. En este sentido, más interesantes son los gráficso interactivos, auténticas narrativas digitales donde un mapa nos sirve de localizador del contenido.

La propuesta es interesante, y plantea reflexiones sobre la naturaleza híbrida de la disposición del contenido digital hoy, deudor y competidor del contenido impreso. ¿Para cuándo una mayor presencia de mapas conceptuales para acceder al contenido?