Edición hipermedia y sistemas de visualización de datos

“La lectura no es solo una operación abstracta de intelección: es puesta en juego del cuerpo, inscripción en un espacio, relación consigo mismo y con los otros” (Chartier, El orden de los libros)

 Imagen: munterbund.de

Inscribir el texto impreso en el espacio digital de la red no consiste solo en digitalizar sus trazos y disponerlos sobre una página de papel virtualizada. Hay que adaptarlo al nuevo espacio, a la particular geografía que nos propone la actual web 2.0. Pero, ¿cómo lo hacemos? Sin duda el texto debe convertirse en texto hipermedia, es decir, un texto en el que tanto palabras como imágenes, sonidos y movimiento se presentan e interactúan entre sí para generar espacios de información que podamos manejar, leer y responder cómodamente en una pantalla. No somos ya lectores decimonónicos que pasan páginas sino usuarios escrilectores que buscan y enlazan informaciones.Lev Manovich nos explica cómo la informática se basa en el uso de paradigmas (a partir de la creación de una base de datos) que el usuario convierte en itinerarios de lectura al elegir uno u otro dato dentro del conjunto paradigmático. Esta naturaleza arquitectónica se opone en cierto modo a la lógica de la narración analógica, en la que el itinerario sintagmático (una sucesión ya elegida de elementos) es el que vemos realmente en una página impresa. En este sentido, la tarea inicial para lograr una edición hipermedia pasa por generar con su texto un paradigma, una base de datos. Esta base de datos debe prepararse para ser usada luego con una interfaz que permita recorridos narrativos lógicos a la lectura de la información con que contamos. Los párrafos ya no se suceden unos a otros de una manera totalmente prefijada, es el usuario quien tiene la opción de ligarlos según su conveniencia, según la narrativa que esté buscando. Toda lectura es un acto de curiosidad, y cada lector siente curiosidad por diferentes aspectos que ignora y desea saber. Esto exige una delicada ingeniería de dispositio o reorganización digital del texto por parte de un especialista tecnofilólogo, para lograr que las relaciones entre fragmentos (los nuevos párrafos) ofrezcan una red de posibilidades de lectura coherentes para el usuario. Saber qué y cómo etiquetar y enlazar los datos se convierte en la más difícil especialidad retórica digital para ayudar a construir y manejar el contenido en la red semántica.

En segundo lugar, esta base de datos integra como unidades de información o fragmentos no solo palabras, sino imágenes, videos, audio. A veces, estos materiales sustituyen fácilmente a las antiguas descripciones con palabras, y en otras ocasiones complementan de diversas maneras las ideas hechas palabras. Esta multimodalidad bien aplicada siempre refuerza el mensaje. Pero hay un uso distinto, especialmente de las imágenes y el diseño visual entendidos como información gráfica, que ayudan no solo a ilustrar, sino también a estructurar la narrativa a partir de una base de datos: las técnicas de visualización de datos. Edward Tufte ha dedicado varias décadas a mostrar y analizar cómo desde los antiguos mapas y otros métodos se ha conceptualizado gráficamente la información, y cómo podemos mejorarla. Lo cierto es que la sugerente imagen del mapa (¿del tesoro?) nos ayuda a comprender muy bien la idea y su mecanismo: el mapa es al mismo una imagen total de un espacio sobre el que podemos crear diversos recorridos muy particulares. En un mapa podemos detenernos en áreas pequeñas y luego seguir a otras, deteniéndonos donde nos interese. Cada recorrido es una aventura, una narración, una lectura. Si las unidades de lectura significativas (nuestros fragmentos) están bien asociadas y enlazadas a su punto en el mapa, podemos recorrerlo sabiendo que nuestro itinerario nos deparará una aventura narrativa satisfactoria, porque no nos perdemos pero tenemos libertad de movimiento. Esta es una manera de espacializar la narración, de convertirla en base de datos y ofrecerle un espacio gráfico y conceptual al mismo tiempo donde habitar como un todo narrativo en red. Para quien desee atisbar el futuro de estas aplicaciones, recomiendo este impactante video del TED en el que Deb Roy nos demuestra cómo dibujar mapas dinámicos del aprendizaje de las primeras palabras de un niño en su entorno familiar o cómo mostrar la actividad concreta de un tema en toda la esfera pública.

Los sistemas de visualización de datos y data mining nos ofrecen en la red cada vez más oportunidades de recoger datos de los grandes repositorios (Google, Twitter, Flickr) y generar gráficas sobre las que recuperar de una manera significativa el contenido, creando el usuario itinerarios narrativos de interés. ¿Es posible plantear lo mismo para un libro previamente pensado para ser impreso? Esto es lo que TheProject busca experimentar y desarrollar en un proyecto hipermedia en colaboración con Álvaro Llosa y Mónica Poza (diseño de edición), Ikuska Sanz (documentalista) y  posibles empresas de visualización de datos, como Bestiario (data visualization). El objetivo es convertir un manual de empresa, un texto informativo pensado previamente para ser impreso, en una base de datos cuyo acceso se realiza mediante un sistema gráfico de visualización de datos interactivo. Aún más, si el hipermedia hoy nos se entiende sin la interacción social, la creación en red de una comunidad lectora, los propios itinerarios de lectura con sus comentarios de los usuarios quedan también reflejados y disponibles como otros mapas para buscar el tesoro en múltiples recorridos dentro del mapa. Mejor que una descripción, dejo aquí un video con la propuesta :-).

¿Se imaginan algo así, con formas más complejas y creativas, no ya para transitar por un manual, sino para viajar por relatos de ficción?
[Artículo publicado originalmente en The Project.ws: http://www.theproject.ws/es/hiperliteratura-mas-alla-del-papel/entrada/edicion-hipermedia-y-sistemas-de-visualizacion-de-datos]

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Capitulando el medio digital. Longitud, novelas y el efecto Sherezade(II)

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“En ese momento de la narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.” (Las mil y una noches)

Charlie Stross nos recuerda en un artículo sobre la longitud de las novelas cómo los soportes ficcionales y su distribución al público informan y alteran la narración. Al comentar algunos momentos ilustrativos de la edición anglosajona desde la revolución industrial, rescata la conocida práctica de los folletines victorianos, en los que se distribuían, de forma seriada (capítulo por capítulo), novelas cuya longitud podía extenderse ampliamente según los planes del autor, el editor y el interés del público lector. Desde luego, cada capítulo se veía delimitado por la necesidad de imprimirse en el espacio de cada uno de los fascículos, para su posterior encuadernación. En la primera mitad del siglo XX, dice Stross que la novela de ciencia ficción, distribuida en revistas periódicas, permitía la inserción de historias cortas, y también la de novelas seriadas que no fueran tampoco muy largas (60.000 palabras) para no quitar valor al resto del contenido de la revista si la novela no resultaba del gusto de un número de lectores, y sólo por ello dejasen de comprarla. Se ofrecían así diferentes novelas cortas a lo largo de una temporada. Este género pasó en los 70-80 a las grandes superficies comerciales, coincidiendo con una temporada en la que debieron subirse los precios: para justificarlo ante el comprador, debían ofrecerse libros, sencillamente, más gordos, y con ello aumentó el número de páginas -no sólo jugando con el tamaño de la fuente, sino creciendo también en contenido. La llegada a los 90 presuponía al lector que debía esperar comprar novelas bastante largas. Muchas de ellas debieron dividirse en diferentes volúmenes, puesto que por razones de encuadernación, pero sobre todo de precio (el límite confirmado estaba en los 24 dólares), hicieron que cierta serie de libros preparada por Stross a principios de nuestro siglo hubo de ser reajustada a unidades de 300 páginas cada una, cuando él había pensado en bloques de unas 800 páginas. Sin duda, la unidad que él proyectaba no podía mantenerse intacta, puesto que era consciente de la necesidad de entretener al lector y ofrecerle los clímax adecuados a mitad de cada unidad y hacia el final de cada uno de los libros individualmente editados.

Esto me lleva a escribir hoy sobre cómo la ficción, y en concreto la novela, se ha transmitido de una forma más fragmentaria de lo que muchas veces somos conscientes, y cómo el orden retórico que parece más apropiado para el medio digital, en una suerte de fragmentación de contenidos, nos ofrece ya una vuelta de tuerca al pasado al darnos un acceso serializado a muchas de las ficciones del pasado y del presente.

Ya he comentado en otro lugar las técnicas editoriales manuscritas de la compilatio medievales y las copias a pecia de la Edad Moderna que permitían crear libros o antologías a partir de una selección de otros materiales, orientados no sólo al estudio sino también al entretenimiento, en una suerte de lectura fragmentada e interconectada por la intención del antologador. Nos recuerda el sabio Chartier que el nacimiento del pliego suelto en el Renacimiento, que evolucionará con la literatura de cordel hasta las narraciones truculentas del XIX, se inicia con la circulación numerosos romances en un solo pliego para su distribución más popular: estos romances eran fragmentos de episodios épicos medievales de mayor envergadura, fragmentos de una historia mayor compartida por la cultura colectiva. La distribución oral de mucho material impreso fue eminentemente fragmentaria: la lectura en grupo y en alta voz de capítulos y episodios de novelas famosas también era una actividad habitual en el Renacimiento y Barroco, e incluso una forma de socialización, por ejemplo, entre nobles, al crear sus círculos literarios. De ahí podemos llegar hasta las academias y tertulias decimonónicas, donde se discutían y se leían extractos de obras propias.

La fragmentación de nuestra lectura hipertextual ha promovido ya algunas iniciativas de edición seriada para narraciones de cierta longitud como las novelas. Comentaré dos de ellas, de similar factura. La primera de ellas la sostiene Jack Lemoine, que como lector parece querer compartir con otros algunas obras de la tradición. Su blog Literature Daily ofrece cada día un fragmento de una obra clásica diferente según el día de la semana, de forma que publica simultáneamente siete narraciones distintas -desde Homero a Twain, desde Kipling a Baum, pasando por las Mil y una noches. Todos ellos son textos de dominio público que él segmenta y publica ordenadamente, de forma que podemos recibirlos en nuestro correo o leer directamente en el blog cada episodio. Además, ha añadido -por medio del servicio odiogo.com– la opción de escuchar el fragmento -si bien es una máquina quien lo lee. Gracias a las etiquetas del menú, uno puede recuperar los fragmentos publicados hasta entonces de uno de los títulos. Desde luego, la fragmentación la impone el editor mismo, considerando que unos pocos párrafos son suficientes en cada emisión; su pericia debe ser la de seccionar también con un sentido de la lectura que permita cortar los episodios en momentos apropiados, y sin duda esto crea pequeños clímax no previstos nunca antes.

El otro servicio de lectura seriada es comercial, pero ofrece algunas lecturas gratuitas y un servicio más completo. Lleva un tiempo ya en marcha, se llama Dailylit y se puede seguir el libro que uno desee desde el principio, recibiéndolo vía rss o por correo. Los fragmentos son un poquito más largos, ellos calculan que el equivalente a unos cinco minutos de lectura, y su lectura puede distribuirse diariamente, tres días a la semana, o sólo en días de labor. Es irónico que no contemplan el fin de semana, por lo que relacionan -¡ay, anglosajones!- la lectura con nuestra rutina diaria de obligaciones profesionales (o quizás como el calculado descanso necesario pa
ra completar ese día de trabajo). Lo cierto es que después uno puede especificar también los días en los que se quiere recibir y el tamaño -hay tres- del fragmento diario. Además puede seleccionarse la hora en que uno desea recibir la lectura, y existe la posibilidad manual de solicitar más de un fragmento al instante, si por casualidad deseamos continuar con la historia inmediatamente.

La integración de esta forma de lectura seriada en nuestro entorno 2.0 sí me parece interesante, por muy sencilla que parezca la idea, puesto que nos permite empezar la serie cuando queramos -frente a la publicación seriada en masa victoriana- dado el tratamiento de paquetes de información con el que se considera el texto. La capitulación tradicional viene a rediseñarse aquí para el nuevo medio y su relación con el lector, lector que encuentra un servicio de recepción de su serial adaptado a sus intereses y situación, de una manera muy flexible. Si los fragmentos se editan con un cierto tino narrativo, buscando esos pequeños instantes en los que termina un pasaje o situación, en los que se percibe la intensidad de una nueva conversación, en los que una revelación, por mínima que sea, queda en el aire, entonces la fragmentación adquirirá un nuevo sentido y la lectura será exitosa. Al mismo tiempo, la longitud de una novela no es tan preocupante si la lectura se hace poco a poco pero disfrutando la intensidad en cada uno de sus fragmentos, y a su paso -como una red de pequeñas sugerencias deshilvanándose ante los ojos-, los fragmentos nos atraen hacia el total de la novela.

Desde luego, para muchos tomar un libro (electrónico o no) y abrirlo o cerrarlo cuando uno guste es menos complicado, pero piénsese también en el interés de la lectura seriada, dejando pasar un tiempo entre un momento de lectura y el siguiente, rumiándola mientras tanto la situación dejada, las palabras, reelaborando el texto consciente o inconscientemente mientras llega, en el siguiente correo, la solución ofrecida por el autor.

Esto se me antoja como editar considerando el efecto Sherezade, cuando la joven logra engarzar mil y una noches de relatos terminados y dejados a medio desarrollar para la siguiente noche, consiguiendo que el sultán no cumpla su promesa de matarla tras pasar la primera noche con ella, y encontrando en él, finalmente, un lector voraz, que consume trozo a trozo diversas historias, sin importar la longitud de las mismas, pero sí atento a sus clímax. La literatura al rescate de la vida. Y al rescate de historias por continuarse. Es curioso notar que esas Mil y una noches, de orígenes medievales (una gran compilatio de materiales ficcionales diversos del Oriente) sólo se descubren, y salen editadas con añadidos, en el siglo XVIII para Europa, a través de una traducción-reelaboración francesa, en doce volúmenes, pero no alcanzan gran popularidad hasta el siglo XIX, época de los grandes folletines y la lectura seriada.

Por ello, se me ocurre que, frente a las críticas de la fragmentación en la hiperlectura, debemos recordar por un lado que casi nunca leemos obras de un tirón -y entre lectura y lectura pasan muchas cosas diferentes en nuestras vidas diariamente-; y por otro, que esta fragmentación nos ayuda a detenernos mejor en un párrafo, a la posibilidad de leer con una mayor atención y ver la concentración de significados en el extracto propuesto, que meditaremos -o rumiaremos, como se hacía mediante la ruminatio del texto en el medievo- en su intensidad extractada. Esto sólo dependerá del ritmo de lectura, que hoy, probablemente por inconsciente ineptitud y ansia lectora ante un nuevo y fascinante medio, nos hace saltar de un lugar a otro, lo cual no es malo, pero sí lo es en cambio lo hacemos regurgitando, devorando fragmentos, sin rumiarlos apenas unos segundos, (con)fundiendo el tempo de navegación con nuestra lectura.

Stross vislumbra para el libro electrónico y su forma de distribución naciente tanto la posibilidad de volver a un renacimiento de las novelas en serie como, por otra parte, la posibilidad de venta de novelas de proporciones mastodónticas que forman una unidad, ya que el costo de producción sería muy similar puesto que el peso económico del archivo electrónico no es equivalente al peso -con sus gastos de encuadernación e impresión- del libro impreso. De hecho, algunos de los lectores de Stross dejan dicho en los comentarios a su artículo que leyeron alguna de sus novelas en formato electrónico sin saber muy bien la extensión real de la novela, pero que no les importó. La lectura seriada, tan explotada por la era de la industrialización dickensiana, podría reconvertirse en la sociedad 2.0 de la información en una lectura del texto cuyo tratamiento como paquetes de información narrativos podría constituir el comienzo de una lectura fragmentada con sentido, y paso a paso, conectada en modos diversos y tejedora de una red de lecturas cada vez más compleja pero no por ello menos consciente o profunda o concentrada.

El efecto Sherezade, con su encadenamiento fragmentado de relatos cortados, siempre por terminar y siempre por continuar, define y salva a su protagonista en la ficción frente al sultán Shahriar: a lo mejor la ficción tradicional se salva, una vez más, así, remediando a sus antecesores y aprendiendo de sí misma para perpetuarse reinventándose en otra metamorfosis.

Por cierto, Stross ve en parte sus ansias colmadas y el futuro hecho realidad, pues el propio equipo de Dailylit ha pensado en una antología de ciencia-ficción que distribuye seriadamente. Él no se considera un grandísimo autor, pero parece que sabe ver bien su oficio y su futuro.

¡Léeme un cuento también hoy! Lecturas por webcam para dormir

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A Story Before Bed es un servicio estadounidense recientemente inaugurado en internet en el que, con ayuda de una webcam y un micrófono, podemos leer un cuento para cualquier niño del que estemos lejos por diferentes causas. El servicio está específicamente dirigido a los abuelos, padres, niños, soldados y profesores principalmente para suplir la lejanía debido a la distancia geográfica provocada por razones de trabajo u otras diversas. En el caso de los niños y los profesores, los creadores de la página invitan a que los pequeños graben sus propias lecturas de los cuentos como una actividad lúdica; y en el caso de los profesores, como un uso para que los propios estudiantes puedan aprender de sí mismos al analizar una lectura grabada. El proceso consiste en hojear gratuitamente cualquiera de los libros, realizar una grabación completa, y sólo cuando estemos convencidos de la calidad del texto y de nuestra grabación, pagamos por que ésta sea guardado y enviada al correo electrónico del niño al que deseamos enviársela. El niño recibirá un mensaje y podrá ver cada página del libro al tiempo que escuchar la lectura.

Los libros forman parte del habitual mercado editorial infantil, y en realidad son libros digitalizados a los que se les puede pasar virtualmente las páginas y hojear a gusto, con hermosas ilustraciones de gran calidad en una pantalla grande.

La biblioteca está divida en clásicas baldas con una serie de libros recomendados, y la opción de ordenarlos por título, editorial, edades apropiadas (1-3 años, 3-6 y 6-9) o longitud del relato (breves, medianos y extensos). Existe la posibilidad de ver las diferentes secciones propuestas por los creadores del sitio y sin duda un tanto sui generis en cuanto que se mezclan en ellas criterios genéricos, temáticos, y de formato  (relatos de aventuras, no-ficción, históricos, de máquinas y trenes, grandes dimensiones, otras…). La librería consta también cuenta con un buscador sencillo. Las novedades vienen marcadas con la etiqueta de “nuevo” a lo largo de la navegación.

Es interesante esta propuesta por varias razones: en primer lugar, porque supone un mercado familiar en el que entran todos aquellos padres o abuelos que aún quieren contar a sus niños relatos por las noches, o regalarles esa experiencia, en la línea de la más pura tradición oral; en segundo lugar, porque aporta una integración de las redes multimedia con naturalidad en esta experiencia de origen popular, la de contar historias a la luz de la lumbre como elemento socializador. En tercer lugar, porque pronto esos cuentos, remedo de ediciones impresas, adquirirán una interacción mayor, que los propios niños pedirán pronto, donde el hojear se parezca más al navegar por distintos elementos del cuento. En cuarto lugar, porque sirve de instrumento educativo para mejorar la dicción o, incluso, cumple la función de recuerdo familiar (al menos mietras esta empresa perdure y mantenga las grabaciones indefinidamente, sobre lo cual no he visto información alguna).

Sin duda, el peor aspecto de la idea es que implica una pérdida de la comunicación directa (pues es una grabación, y esta asincronía impide interactuar con el niño por parte del declamador del cuento) con el niño, que no puede interrumpirte ni hacer preguntas, asumiendo un papel un tanto pasivo, de espectador televisivo ante un mensaje grabado en la distancia. Como un avance tecnológico, logra salvar la distancia y presentar virtualmente al lector y al libro al mismo tiempo, a modo de audiolibro visual personalizado, pero no iguala la experiencia en algunos aspectos donde la interactividad personal no es posible. Probablemente, un padre con posibilidades de leer por la noche al niño, se conectará a un servicio de videochat y hablará con el niño directamente. En contrapartida, gracias a este servicio el niño gana para sí la propia lectura del libro a todo color siguiendo las palabras leídas, las páginas y los dibujos a la vez que escucha la voz de un ser querido leyéndoselo. Aprende, se divierte, escucha y en cierto modo estrecha relaciones afectivas con quienes no puede ver en ese momento. Con ello puede crear su propia colección de cuentos a la que recurrir en distintas ocasiones, en un interesante ejemplo de alimentar y construir la infancia digital del niño y su memoria. Todo esto animará a muchos familiares a usarlo con cierta frecuencia. Sin duda, es un magnífico regalo personalizado al margen de otras lecturas en vivo no virtuales.

Por cierto, tienen ya una sección en español, eso sí, de sólo cuatro libros por el momento.

Diarios, género epistolar y bitácoras digitales

Leo en Librosfera que el Quadern Gris de Josep Pla comienza a ser publicado . El articulillo reseña también la existencia ya comprobada de ediciones anglosajonas similares de otros textos de género epistolar.

La edición de Pla, por supuesto en su idioma original, cuenta con algunas ideas interesantes. En primer lugar, los editores han decidido publicar lo textos 90 años después de las fechas usadas en el diario. De tal forma, que habiendo comenzado en marzo, la enrada del 18 de marzo, tal día como hoy, hace 90 años, se publica la del 18 de marzo de 1918. Lo cual no deja de ser un detalle de homenaje editorial y literario al texto de origen. por otro lado, se etiquetan los artículos por medio de categorías temáticas (en referencia a temas generales, familia, geografía, lecturas, moral, personajes y religión). Esto permitirá recoger una lectura trasversal del Quadern si elegimos cualquiera de los temas ofrecidos. Una segunda lectura es la que puede hacerse a través del archivo de entradas, por medio del calendario, al elegir fechas concretas. De este modo tan sencillo, un diario que nunca fue pensado para un soporte como el de una bitácora electrónica, se adecúa perfectamente al nuevo medio, y el lector puede aprovechar a la perfección algunas de sus ventajas para realizar lecturas trasversales, así como una búsqueda automática por cualquier tipo de palabra.

Un elemento importantísimo, finalmente, es la posibilidad que toda bitácora permite, para dejar comentarios a cualquiera de las epístolas. Porque aquí es cuando se cumple la auténtica función epistolar, la respuesta del destinatario. Noventa años después, los lectores de Pla pueden callar si quieren, pero pueden responder ante los demás lectores al propio Pla. Algunos artículos suscitan una recepción muy activa, con respuestas que se dirigen al propio Pla como un amigo al que se conoce; en otras se comenta o interpreta lo que el texto dice. En otras aparece la perplejidad inmediata del mundo del lector con el de Pla. Así, desde la crítica literaria más tradicional a la que pasa por ponerse en el lugar de la ficción para responder literariamente, las posibilidades son variadas.

Querría comentar algo tamibén sobre otra iniciativa editorial, esta vez en inglés: la edición del Werther de Goethe a través de una lista de correo. Al suscribirse, el lector recibe en su correo las cartas que el joven Werther envía a su destinatario en el libro, que no es otro que su amigo Wilhelm dentro de la ficción, y el lector mismo al otro lado del espejo. El lector cumple en la versión electrónica un aún más explícito papel de amigo de Werther, ya que los emilios van dirigidos al propio nombre. Así, recibida efectivamente la carta en nuestro correo electrónico, tal y como en su correo tradicional las recibió el amigo de Werther, cumplimos en la praxis de nuestra realidad con el medio comunicador que la novela representa, actualizamos de manera literal ese medio, desde el que podemos y debemos mantener un relación epistolar con el joven Werther, y responder a sus cartas, que son publicadas en el sitio web de la edición. Se nos permite completar como lectores la novela -desde nuestro lado del espejo- tras las lecturas, de nuevo permitiendo la crítica lectora o la respuesta desde la inmersión aún en la ficción. ¿Qué le aconsejaría un lector actual al joven Werther, que nos desvela sus cuitas? La conversación con el clásico de Goethe parece asegurada, nuestra comunidad de lectores en conversación con el texto. Podemos comprobarlo allí mismo. De esta manera brillantemente sencilla surge la edición electrónica de un texto epistolar, que nos permite leer de una manera tan reflexiva como siempre se lee el Werther, pero con un añadido de interacción -de actuación- mucho mayor, que quizás haga por nuestra nueva lectura más de lo que pensamos.

Por último, las cartas del soldado William Henry Bonser Lamin, en la Primera Gran Guerra, van a parar a otro blog. En él, además, el perfil de este soldado que las redacta se puede consultar como si él mismo se hubiese dado de alta en la bitácora. Lo demás, sigue en la misma línea del archivo de calendario y la sincronía de fechas en lo posible (aunque pienso que en general se podrían poner simplemente las originales).

Últimamente no dejo de pensar en el texto literario, por un lado, como ese engranaje de piezas retóricas y gramaticales que se engarzan unas a otras, como unidades de sentido pequeñas según la definición de lexia de Barthes, y sobre todo como base de datos, con esas lexias relacionándose entre sí a través de nuestro mundo semántico digital. El mundo de los diarios y obras epistolares es un evidente e interesante campo para comenzar el trasvase de la literatura del libro a la literatura del computador, ya que son textos de unidades pequeñas y mantienen una cierta independencia o autonomía entre sí, lo cual los acerca al mundo del texto encapsulado digital. En ese sentido, ya la información enciclopédica tiene un lugar bien definido en lo digital, como lo demuestra la wikipedia, sin ir más lejos. Lo mismo empieza a suceder con la información de actualidad -tanto general como temática-, lo demuestra el crecimiento y presencia de los periódicos digitales y las páginas temáticas. poco a poco le toca el turno al resto de documentación científica, y por último a la literatura, quizás uno de los campos más controvertidos para realizar el trasvase, ya que no queremos leer con puras búsquedas aleatorias, o funcionar por concordancias -no todos queremos ser filólogos-, sino que buscamos posibilidades de lectura -narrativamente hablando- atractivas y nuevas, adaptadas al medio digital. Los sencillos ejemplos que he comentado, por sencillos no dejan de ser trabajos bien hechos, que incluso más adelante podrían verse ampliados y mejorados con nuevas propuestas de etiquetado para permitir una mayor cantidad de lecturas trasversales, o la ampliación o conexión de la información contenida en los artículos con otros materiales gráficos, sonoros, visuales, presentes en este u otros lugares de la red.

Biblioteca Digital Hispánica

>La Biblioteca Digital Hispánica es un proyecto de digitalización de fondos de la Biblioteca Nacional de Madrid que permita acceder al investigador, desde cualquier terminal del mundo conectada a internet, a su base documental más relevante. Hasta ahora la biblioteca dice tener 10.000 objetos en su base de datos -que abarcan un periodo compendido entre los siglos XV y XIX-, y que incluye libros, mapas, dibujos, carteles, grabados, partituras.

El interfaz está disponible en inglés y en todas las lenguas oficiales de España. Tiene búsqueda simple y avanzada; la primera permite búsqeda por palabras clave y por colección; la última permite elegir tipo de archivo digitalizado, filtro por campos, o tipo de media, con lo que los diferentes aspectos que forman parte de un documento (tipográfico, gráfico, incluso sonoro o video) tienen igual importancia a la hora de realizar la búsqueda. Esto último resulta de especial interés porque rescata toda una tradición olvidada en que el libro o el impreso como objeto se compone de grafías, imágenes y otros elementos de fisicidad y formato que dan a la experiencia lectora un valor distinto que la mera transcripción.

en este sentido, la recuperación de estas ediciones a través del catálogo resulta un buen arma para el estudioso, que puede acceder fácilmente y con una amplitud de herramientas al documento desde la digitalización. Muchos de los documentos se encuentran en formato PDF, lo cual permite realizar búsquedas en el propio texto del documento sin dejar a un lado la perccepción de la edición original: sobre la capa fotográfica que compone el documento como imagen se une la de la trasncripción del mismo, de forma que en algunos documentos se puede inlcuso copiar o destacar o anotar fragmentos elegidos por el lector desde su lectura personal. Es una lástima que esto no se haya aplicado a muchos de los libros más antiguos, del siglo XVI y XVII, que sólo son accesibles fotográficamente. Aunque ciertamente en los manuscritos y otros documentos resulta más complicado realizar una transcripción, ya que implica la ralización de una interpretación del texto mismo, dada su dificultad de lectura o su falta de unificación ortográfica.

En algunos lugares la transcripción se ha visto alterada con erratas, por ejemplo, con la modernización de algunas palabras que han recibido un acento que en el original no está. Así, a la hora de copiar o transcribir electrónicamnte un texto “cortando y pegando” en un documento de procesador de textos, la versión difiere por esa coma.

Existe una división inicial por colecciones, que mezcla formatos con técnicas, géneros, especialidad o geografía, pero que no deja de ser una forma más de entrar a la exhibición de los diferentes documentos disponibles siempre que uno rechace la búsqueda concreta por filtros y condiciones. Las colecciones existentes hasta la fecha son: carteles, grabados, mapas, dibujos, hipsnoamérica, obras maestras, filología e historia.

Otras herramientas nos permiten comparar documentos al mismo tiempo, recuperar los datos bibliográficos de la obra, recomendarla u obtener otros metadatos, guardar nuestro historial de búsquedas o mantener una página personal de acceso a nuestros documentos favoritos, lo cual complementa bien el análisis de un documento y la posibilidad de extraer los beneficios de compartir una base de datos.

El proyecto, que pertenece a otro mayor llamado Biblioteca Digital Europea, es realmente un interesante recurso para acceder a documentos protegidos que sólo en casos extremos necesita el investigador palpar, aunque también hay que decir que la digitalización en sí virtualiza el objeto, y perdemos la referencia de tamaño, peso, textura, olor, que en muchos casos completa la experiencia completa del objeto documental. La mayoría de investigaciones puede beneficiarse del resultado logrado hasta el momento, trabajando sobre los aspectos más relevantes de su fisicidad gráfica, y para el cotejo filológico a la hora de elaborar transcripciones de un texto basadas en un cotejo de visu.

Para una primera aproximación de las potencialidades de su sistema puede accederse a la Guía rápida del usuario (PDF).

Parece que el siguiente paso para una biblioteca de estas características sería otorgarle el poder de relacionarse con otras digitalizaciones e informaciones en la red, sacándolo de una colección un tanto aislada o determinada por el corpus de la BN , quizás al modo que de una manera incipiente pretende hacer el servicio de Google Books, pero afinando mucho más en las propuestas de enlaces.

Enlaces de acceso: